REFLEXIONES DEL TRABAJO SOCIAL: "INSISTENTE SOCIAL"

 Foto: Presentación de la Fundación LLMA (2019) en mi rol de Directora Ejecutiva a voluntarios de La Armada de Chile.  Mi hija acompañando.


Debo reconocer que soy una pesadilla para muchos.

Si, lo soy, porque nunca he aceptado un no como respuesta de buenas a primera. En parte por mi personalidad exigente y mi carácter complejo que suele ser tozudo cuando tiene alguna convicción. Soy Insistente.

Súmele a mi característica insistencia, el que se me haya ocurrido la genial idea (confirmada por el creador) de estudiar una carrera que permite el desarrollo pleno de mi empatía y sensibilidad social, lo que muchas veces me ha llevado a querer ponerme la capa de "superhéroe" y luchar por injusticias sociales en beneficio de personas ajenas a mi. Soy Insistente Social

Y respecto a mi insistencia en ciertas cosas, lo que me he dado cuenta, es que cuando busco algo en beneficio propio, tengo mayores probabilidades de abandonar la causa que cuando es en favor de otros, ya que cuando el beneficiario es un tercero, surge una motivación interna casi sobrenatural que me inyecta de valor para perseguir respuestas, exceso de empatía me dijeron una vez. En parte, esto sucede también porque me cuesta decir que "no" cuando alguien me solicita un favor o necesita de mi apoyo, lo que ha sido todo un aprendizaje de vida y que necesita límites. 

El no saber decir que no, es peligroso en cierto punto porque muchas veces tras esa conducta, existe la postergación de las necesidades propias en favor de otros. Por otro lado, quedas vulnerable cuando trabajas con ciertos profesionales que detectan en ti estas falencias o debilidades y lo usan a su favor, aprovechándose de "tu buena voluntad" o "insistencia" frente a determinadas acciones. Para ejemplificarlo mencionaré un par de malas experiencias con unos colegas. Uno de ellos me refirió una vez que "yo era culposa" en referencia a que se daba cuenta de que me sentía culpable cuando hacia o decidía algo y que el fondo no consideraba correcto, pero a su vez quiso interferir en mis decisiones usando mi "culposidad" a su favor, para que hiciera lo que él quería. Otra profesional, que criticó mi "culposidad" por no querer dejar trabajo para otro día, extendiendo incluso mi horario de trabajo (potenciada por mi personalidad trabajólica, autoexigente y perfeccionista), derivó en que se aprovechara delegando ciertas tareas en mi, sobrecargándome de trabajo, y poniéndose en el rol de victima frente a algunas situaciones, traspasándome responsabilidades sobre diversos hechos. Después de esas vivencias, tengo claro que ciertas características de mi personalidad deben manejarse en equilibrio, vigilando el entorno y procurando el autocuidado, para que el ser "insistente" no se transforme en un autosabotaje.

Cuestionándome estas y otras experiencias intenté (con mucha dificultad) eliminar o reducir esas conductas de "insistencia", que de cierta forma a muchos no le agradan, pero me pregunté ¿Intento agradar a otros negando mi esencia?. y fue ahí que recordé una interesante conversación con un psicólogo del área organizacional con el cual trabaje largos años. Él ya me conocía bastante y me dijo que tratara de tomar lo positivo de ciertos rasgos "neuróticos" que yo tenía (y tengo) para sacarle partido. Este psicólogo y mentor me decía que visualizara aquellas actitudes que me permitían ser efectiva en mi trabajo, reconociendo que mis esfuerzos e insistencias tenían resultados positivos para la organización, redireccionando mi conducta a las metas y resultados, con el fin de eliminar la culpa.  

Pero hay otro factor que incide en mi particular insistencia y es el hecho de que aborrezco "la procrastinación". Me cuesta aceptar que me digan que no se puede, sin haber hecho el mínimo esfuerzo por intentarlo y reconozcámoslo, estamos ante una generación Procrastinadora, en medio de una sociedad que si puede "sacar la vuelta" (No trabajar en horario de trabajo) lo hace, y que si "puede dejar para mañana lo que no hizo hoy", lo hará (evitando generalidades obviamente). Sé que es un tema contingente y abordado en muchos espacios, donde vemos posturas de debate respecto de donde marcar la línea, entre postergar para bien (porque es necesario), o postergar para mal (donde subyacen otros temas). Esto molesta, porque quienes trabajamos en programas de servicio, sabemos que el postergar o procrastinar afecta muchas veces el bienestar de las personas que atendemos. Nuestros sujetos de atención requieren respuestas, acciones concretas y/o resultados, que muchas veces no pueden esperar a que quien procrastina decida movilizarse por ellos.  Me pregunto si pasará solo en Chile.

Para ir cerrando la idea, sé que no somos perfectos y siempre se puede mejorar. Pero al final del día, reconozco que no quiero dejar de ser "Insistente Social" porque todas mis particularidades me han llevado a cumplir metas respecto de mis intervenciones y con buenos resultados para muchos de mis clientes o usuarios, donde puedo decir con satisfacción que cumplí con mi labor en excelencia, logrando el objetivo del trabajo social, que es otorgar bienestar. También, he logrado hacer buenos amigos y amigas, además de contar con una red de colegas que me han recomendado para futuros trabajos a los que he postulado o que me han ofrecido, lo que me ha permitido salir por la puerta ancha de muchos proyectos para crecimiento profesional, puertas que quedaron abiertas. Siempre se ha sumado más de lo que se ha restado y eso se valora mucho hoy en los equipos de trabajo, bueno, en los equipos que quieran hacer bien la pega y no solo recibir el sueldo a fin de mes.

Para terminar, entiendo que en mi rol de Trabajadora Social muchas veces represento la voz, los pies y manos de quienes son nuestros sujetos de atención, por eso abrazo la idea de ser "Insistente".  Al fin y al cabo, ¿Qué se pierde?, hay puertas que permanecerán cerradas y otras que tarde o temprano se abrirán por el solo hecho de insistir.

Comentarios