PRÁCTICA PROFESIONAL: EL TRABAJO SOCIAL EN EL ÁREA ORGANIZACIONAL

Foto: Equipo Fundación LLMA (2019). De izquierda a derecha: Jessica Hupat (Dir. Marketing & Captación); Hans Rosas (Psicólogo, área Servicios); Paula Correa (Dir. Administración) y yo, en la D. Ejecutiva y Servicios, en reunión técnica.


Les voy a contar como terminó una Trabajadora Social formada en línea socio-jurídica, en el área Organizacional.

Cuando llegó el momento de realizar mi práctica profesional el 2017, ya llevaba como 6 meses de voluntaria en una Fundación del sector norte de la capital de Chile. Esta fundación que se levantó para dar respuesta a necesidades sociales, se situaba en medio de una comuna con altos índices de vulnerabilidad social y llevaba un par de años intentando tomar forma y fuerza. El tema en cuestión era que yo me había entusiasmado en buscar práctica en el área jurídica y hacer carrera en ese ámbito del Trabajo Social, motivada por docentes que trabajaban en ese entonces en el Ministerio Público y como peritos sociales, añadiendo cursos de Peritaje social, Mediación familiar y Reforma Procesal Penal, a mi malla de corte más familiar y comunitaria, al contrario de todos mis demás compañeros que se fueron por la línea de los Derechos Humanos y la interculturalidad

Yo me perfilaba como una Trabajadora Social "Socio-jurídica" y tenía la ambición de ser "perito social" porque se ajustaba a mi forma de ser exigente y organizada y a mi habilidad para investigar y escribir. En años anteriores, colaboré en diversos proyectos de la comunidad, lo que en parte me había impulsado a estudiar esta carrera, por lo que habiendo participado activamente en "Lo Comunitario", quería probar "suerte" en otro ámbito y específicamente en áreas de litigios y mediaciones. Sin embargo, como bien dice el dicho: "uno propone, pero Dios dispone" y mi voluntariado iba tomando fuerza en la organización, así como los proyectos que se vislumbraban a futuro, los cuales eran prometedores. Esta fundación contaba con un equipo multidisciplinario, entre ellas una Trabajadora Social y un psicólogo organizacional, profesionales del área de Recursos Humanos y la Publicidad, perfiles que aportarían a mi profesión sustancialmente. Además, tenía unas amigas que eran parte del equipo, quienes me invitaron a realizar mi práctica profesional ahí y como en ese tiempo, aún no sabía decir que no, me convencieron, por lo que, empujada por eso y otros factores, me anime a incorporarme a la organización a tiempo completo y postergar mis planes. 

Para el año 2016 o 2017 no era común hablar del Trabajo Social organizacional en Chile y creo que en este tiempo tampoco. Es un área poco explorada aún y los cursos o asignaturas ligadas a esa área derivan o están enfocadas a otras profesiones como la psicología organizacional, los recursos humanos, la administración, entre otras que quizá desconozca. Además, al querer ingresar a esta área se suma el gran desafío de que somos formados para trabajar mayormente con familias, grupos y comunidades por lo que nuestras metodologías, técnicas e instrumentos están dirigidas mayormente a ese perfil de usuarios, por lo que, entrar a una fundación y más aún al área directiva o ejecutiva suponía un desafío extra que no me restaba interés, al contrario, me generaba curiosidad. 

Pero el mayor desafío estaba por venir. 

Cuando se iniciaban las clases de mi último año universitario y me disponía a integrarme al equipo directivo de la fundación, pero ahora como estudiante en práctica, me encontré con la triste y problemática noticia de que parte del equipo multidisciplinario se había esfumado por razones personales y de fuerza mayor. Estaba a una semana de comenzar la práctica y ya no tenía una Trabajadora Social que me supervisara y si bien, contaba con la disposición del psicólogo organizacional de acompañarme en mi proceso formativo, me encontraría sola respecto a mi desempeño como Trabajadora Social y por tanto, no tendía una contraparte con quien resolver mis dudas respecto de la profesión, por lo que tuve que evaluar el tema con mi docente guía. Finalmente, decidí quedarme desafiada por la confianza en mis saberes y el apoyo de ambos profesionales.  

Los problemas no terminaron ahí, ya que, quien es estudiante en práctica o "Profesionales en formación" (les invitó a leer ese contenido) se debe enfrentar al muy bien ponderado "Informe de práctica" y aplicar la metodología correspondiente a la profesión en un proyecto individual. No obstante, a la hora de aplicar algún Modelo de Intervención en un área donde mis labores se traducían a la formalización de la organización, gestión de recursos, diagnósticos sociales, formulación y evaluación de programas y proyectos, supervisión de voluntariados, entre otros, me entró la desesperación, porque los modelos que había aprendido en la Universidad eran para aplicar mayormente con familias y se acercaba la fecha de la primera entrega del primer informe de práctica y no sabía cual utilizar, porque además, no tenía un sujeto de intervención en sí (persona, por si no se entiende), si no que era la organización misma mi sujeto de intervención, así que me volví a desesperar. 

Añádale a esa dificultad académica, que cuando eres estudiante y sales al mundo real (los invito a leer de la sala de clases a la realidad social), si no tuviste experiencia previa con la aplicación de modelos de intervención, o no tienes un supervisor In sítu, las dificultades para resolver este tipo de interrogantes se exacerban. Fue en ese momento de dificultad que me acordé que si pude con estudios, maternidad y casa, ahora que llegaba a la recta final, no me podía dar por vencida. Le pedí ayuda a Dios y a mi docente guía, quien intentaba destrabar mi confusión, pero me encontraba en un momento de bloqueo mental. Finalmente, logré ver la luz cuando revisando los Modelos de Intervención decidí que el Modelo Centrado en Tareas, era el más pertinente para aplicar.  Una experiencia específica de intervención que da para ahondar en otro post. 

Reflexionando en aquellos desafíos, me doy cuenta que las mayores dificultades se centraban en esos benditos informes, porque la organización iba viento en popa y mi aprendizaje creciendo ya que me fui nutriendo de conocimientos en el área de la Administración (les recomiendo leer a I. Chiavenato), captación de recursos y marketing, desarrollo organizacional, y tantos otros temas que enriquecieron mi bagaje experiencial. Recorrimos la ciudad presentando a la Fundación a diversos organismos y empresas que se presentaron como oportunidades y otros finalmente en colaboradores. Tuve que aprender y poner en práctica un buen "speech" en diversas instancias y no imaginaran en las actividades que participé, ni en los lugares que estuve. Algo impensable para una Trabajadora Social que se había formado en línea socio-jurídica y bajo un enfoque comunitario.  

Conocí la Agenda 2030 antes que la mayoría de mis compañeros, estuve en reuniones de preparación para las nuevas residencias del actual servicio de Protección especializada, fui parte de las organizaciones del consejo consultivo de la nueva Defensoría de la Niñez cuando se estaba instalando, aprendí sobre RSE (Responsabilidad Social Empresarial) participando en meeting con empresarios y emprendedores, donde la entrada tenía un valor que no podía pagar y, estuve sentada en la mesa de un buffet de abogados que era más grande que la oficina en la que trabajábamos. Todo eso le vuela la cabeza a cualquier estudiante en práctica o "Profesional en formación" que con humildad y muchos temores está recién ingresando al mundo laboral. Al menos yo muchas veces no me la creía. 

Pero volviendo al aporte de nuestra profesión en lo organizacional, debo reconocer que en lo práctico la Gestión y la planificación son nuestro fuerte, ya que tenemos esa capacidad innata para unir las necesidades con las soluciones y la Carta Gantt es una buena herramienta para organizar nuestra agenda y asignar responsabilidades, aunque ahora de seguro con la IA tenemos más recursos a disposición. En lo relacionado a la administración y el Marketing, la mejora continua, los procesos y los resultados también son un aspecto en el cual podemos contribuir, si tenemos la capacidad de ampliar la mirada desde el enfoque cualitativo al cuantitativo, para que no nos quedemos solo con discursos de Justicia Social, si no que los podamos visibilizar a través de números. También podemos poner en práctica la sistematización y la evaluación, que es una buena oportunidad para hacer mejoras a organizaciones, procesos, proyectos, entre otrosEn lo relativo a la organización, la cultura y el clima laboral se asoman para tenerlos en la mira, así como el trabajo con equipos y voluntarios, velando por su bienestar como objetivo, el mismo que el de nuestra profesión, ya que si ellos se sienten valorados, bien tratados y existe crecimiento, su labor lo hará de manera directamente proporcional. 

Junto a lo anterior, debo añadir que tenemos el conocimiento y las herramientas para hacer buenos diagnósticos, planificar y ejecutar proyectos. Las entrevistas, el Focus Group, la aplicación de encuestas, la observación participante y el FODAson técnicas y herramientas que sirven para recoger la información que necesitaremos para comenzar y evaluar nuestros proyectos, sea de índole individual como organizacional, además contamos con el Marco Lógico, que guiará cada etapa. Para terminar y no alargarme tanto en esta recolección de consejos, nuestra capacidad de liderar y organizar equipos de trabajo aportará con el crecimiento y el orden en los procesos, siempre procurando hacerlo desde una mirada emancipadora y/o participativa, por mencionar algunos aspectos, de tantos otros aportes en los que podemos ser parte en el mundo organizacional.

Se que lo mencionado anteriormente pueden sonar conocidos para muchos, pero para nuestra profesión y sobre todo para los que se encuentran en la etapa de profesional en formación o estudiante en práctica, el conocimiento es más escaso, por lo que, los aspectos que he mencionado son una tremenda oportunidad para reconocer nuestras fortalezas y descubrir las oportunidades que nos presenta el área organizacional, con miras a un pleno desarrollo profesional. Y aunque aún el Trabajo Social Organizacional, se encuentre "en pañales" en cuanto a ofertas de Programas Académicos, tenemos la tremenda oportunidad de demostrar que podemos con todo eso y más, si nos dan la oportunidad. 

Finalmente, les contaré que después de la práctica profesional decidí quedarme a liderar el proyecto. Esta columna no alcanza para narrar todo lo que aprendí y todo lo que entregamos ahí (mi equipo y yo). Pero si lo pudiera resumir en una palabra, sería "orgullo". Si estimados, me siento orgullosa de aquella estudiante en práctica que decidió quedarse y tomar el timón de un barco que había sido abandonado por gran parte de sus tripulación, para liderar por cinco años un hermoso proyecto social que aportó al bienestar de tantas familias vulnerables, con un equipo pequeño que se quedó y que fue fiel y maravilloso y con el que hicimos grandes cosas. Dios sabe cuanto se entregó, hasta el día de decir adiós. 

¿y tú? te atreves a desarrollar tu profesión en el área organizacional.




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