"Con las patas en el barro" es una frase muy popular dentro del gremio del Trabajo Social.
Escuché muchas veces esa frase mientras estudiaba la carrera y me imaginaba a mi y a mis compañeros caminando entre calles enlodadas literalmente "a pata pelá" (Es que soy muy imaginativa y muy literal), eso porque ellos decían esa frase con un tono de orgullo, combativo y revolucionario, haciéndolo sentir casi como un requisito para usar el nombre de Trabajador/a Social. Como un examen de título.
¿Hay que andar con las patas en el barro para sentirse orgullosamente Trabajador/A Social?
A veces en mi diálogo interno pensaba que decir ¡yo he trabajado con las patas en el barro!, como lo escuché decir de muchos colegas, era una especie de falsa humildad. El visualizarnos como profesionales de las ciencias sociales, trabajando únicamente con "los pobres", entre "campamentos", "ollas comunes" y "el barro", es una falsa concepción de la realidad social y sus variopintas problemáticas. Como si los problemas sociales afectaran solo a un sector de la sociedad.
También puede ser que esa frase haya surgido entre los profesionales que trabajan en sectores rurales donde los proyectos viales no alcanzan a llegar aún, o, de ciertos lugares del sur del continente donde el viento y la lluvia no son visitantes esporádicos, si no que conviven con las personas. Imagino a mis colegas sureños caminando bajo la lluvia, mientras se dirigen a realizar visitas domiciliarias, literalmente empapados. Quizá ese desafío extra les añade un valor profesional que muchos no conocen.
En eso recordé, cuando hace varios años atrás salíamos de noche a visitar personas en situación de calle por el norte de Santiago, en pleno invierno. En ese tiempo todavía no había comenzado a estudiar esta profesión, pero al menos ya sabía lo que era usar botas de agua y caminar por el barro. En realidad me ponía los bototos de mi esposo, para usar doble calcetín y no llegar toda mojada. Entonces pensé, la lluvia puede caer en varios lados.
También pienso que esa frase peculiar "con las patas en el barro" estigmatiza, sobre todo al sector de la población que visualizamos junto al barro y que son carente en cuanto a recursos económicos, sociales, educativos y culturales, por mencionar algunos factores, por lo que podríamos añadir a nuestro lema un sesgo de pre-juicio. Lo triste es que en ese pensamiento se conecta con una realidad que va en aumento. En Chile este último tiempo el sueño de la casa propia se ha ido esfumando y muchos deben conformarse con vivir en campamentos con calles de lodo en invierno. ¿Estará pasando en otros países?
Como dato, Techo-Chile en su catastro nacional 2024-2025, dio cuenta de que el país tiene "120.584 familias viviendo en campamentos" y que, cito: "El estudio reveló la existencia de 1.428 asentamientos de este tipo a lo largo del país, alcanzando la cifra más alta desde 1996. Esto representa un aumento del 10.6% respecto de la última medición y equivale a la incorporación de al menos 6.000 nuevas familias en estos lugares entre 2023-2025". Una triste realidad que cada año que pasa se vuelve más desesperanzadora, y nos jactamos de contar con una de las mejores economías de América del Sur, pero lo más importante ¿lo podremos resolver?.
Mientras tanto, la vida me trajo de nuevo al barro sin darme cuenta, pero esta vez como profesional. Donde resonó nuevamente en mi mente esa frase "con las patas en el barro", aunque esta vez, estaba preparada por que tenía botas de agua. Me había integrado a la Ruta Social, esa que cada noche visita a personas en situación calle, problemática social que con los años permanece inmutable. Los seguimos encontrando en rukos, casas okupa, bajo el puente, en la plaza o en la puerta de edificios e iglesias y al alero de un techo que los proteja irónicamente, de la lluvia y el frio. Esta vez los encontré en el sur de Chile donde llueve con personalidad.
Así que, ¿puedo decir orgullosamente que soy Trabajadora Social porque he caminado "con las patas en el barro"?.
Siéntase orgulloso/a colega, pero, porque todo lo que haga, lo haga en excelencia y teniendo en el centro a las personas, aunque usted tenga los pies secos.
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