Foto: Programa residencial con adolescentes, equipo y tutores. Junto a Malena Figueroa (Psicopedagoga- abajo izquierda); Macarena Velásquez (Terapeuta Ocupacional) y Julio Cabrera (Psicólogo- derecha) (2022).
Cuando hablamos de quienes serán nuestros sujetos de atención, clientes, usuarios, o "destinatarios de un programa, proyecto o servicio" (Ander-Egg, 1995) entre otras etiquetas que puedan existir, nos referimos simplemente a las personas. La distinción lo hará si serán receptores de una "ayuda social" o "promotores de su propio cambio", en el amplio abanico de paradigmas, enfoques, metodologías y contextos en el que se encuentren.
En algunos proyectos, programas o servicios vamos a trabajar con lactantes; niños, niñas y adolescentes; jóvenes; mujeres; adultos; hombres; adultos mayores, entre otros subgrupos. Estas personas pueden ser denominadas con un sinnúmero de adjetivos (problemáticas) que focalizan mayormente el grupo de atención y que van en directa relación con la situación problemática que les aqueja. Podrían ser "niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad", "Adultos mayores en situación de dependencia severa", "adultos en situación calle", "mujeres victimas de violencia intrafamiliar", "hombres en condición de cesantía", entre muchas otras problemáticas sociales.
Es importante desde el proceso de formación (aunque nunca terminamos de aprender) conocer y reconocer estos grupos sociales, así como las problemáticas que les afectan.
En esta reflexión me quiero detener en un punto importante para nosotros los profesionales de las ciencias sociales y en virtud de relevar nuestro bienestar y desarrollo profesional, y es el hecho de ser autocríticos en cuanto a identificar con quién (o qué) puedo o no puedo trabajar. Si bien hoy día, el universo laboral es escaso y muchas veces no se podrá elegir con quien o qué problemática trabajar, el saber hacia donde quiero dirigir mi intervención será esencial para encaminar mi proyecto de vida laboral, con el fin de poder trabajar en espacios donde como profesional me sienta cómodo/a, para perseguir satisfacción personal, reconocer mis límites y también como una forma de "autocuidado".
Muchas veces romantizamos la profesión y nos visualizamos interviniendo problemáticas con una capa de superhéroe, sobre todo cuando estamos estudiando. Sin embargo, si asumimos y concientizamos que trabajar con sujetos de intervención no será fácil, primero, por que, trabajaremos con "problemas" y segundo, por que un alto porcentaje de ellos no tendrá la mejor disposición cuando intervengamos, nos evitará varios dolores de cabeza. Algunas veces los sujetos de intervención serán victimas de diversas circunstancias, en otras, serán la victimaria/os. Algunos serán atendidos bajo un proceso voluntario o por demanda espontánea; otros, por circunstancias colaterales; y otros en cambio, porque se decretó a través de una instancia judicial, o por sugerencia, solicitud y/o derivación de otro profesional o programa, entre otros.
No obstante lo anterior, todos deben ser tratados con respecto, bajo un enfoque de derechos, sin prejuicios y con una mirada profesional objetiva. Es en este punto donde radica la importancia de conocer con quien puedo trabajar. Es aconsejable hacerse preguntas como ¿Podré intervenir a una persona acusada o imputada por violación o abuso sexual contra niños? ¿o con sus victimas? o ¿Podré iniciar un proceso interventivo con una persona que ejerció violencia contra su pareja?, por mencionar algunos ejemplos. Lo importante es que te hagas esas preguntas incómodas.
Como profesionales (y personas, antes que todo) no deberíamos sentirnos mal por reconocer con quien/es "No" podemos trabajar. Es preferible tener claro ese asunto desde antes, para no intervenir desde el prejuicio y la no objetividad, ya que eso podría mermar el proceso y su resultado, lo que finalmente afectará al sujeto de intervención. Aquí cobra relevancia también la Ética Profesional.
Volviendo al tema del Sujeto de Intervención, tampoco debemos desconocer que ellos pueden provenir de sectores económicos bajos o de estratos sociales altos. He visto a muchos profesionales que discriminan a usuarios de estratos económicos altos, por el hecho de tener "más recursos". En otros espacios he visto como se da favor a una madre en contra de un padre, cuando él contaba con mayores competencias parentales (habiendo aplicado instrumentos y técnicas), discriminándole por el hecho de ser hombre, y en mis recorridos en Ruta Social, donde se asiste a personas en situación de calle encontramos a varias personas en rucos bajo los efectos del alcohol y drogas, y que provenían de familias reconocidas de la región (donde residía en ese entonces), incluso con padres profesionales o parientes que ejercían cargos en el gobierno regional. Ellos también necesitan atención.
Por lo anterior, recordemos que los problemas sociales que afectan a los sujetos de intervención no distinguen, sexo, género, raza, religión, edad, pensamiento político, clase social, entre otras variables. El pensar que los problemas es sólo cosa de "pobres" o "de un grupo social determinado" nos invita a revisar nuestras creencias y los datos (o la ausencia de estos).
Finalmente en esta reflexión te reitero la invitación a conocer desde antes a los sujetos de intervención con quienes desearías trabajar, reconocer con quienes no puedes hacerlo, para cuidar tu salud mental y el pleno desarrollo de tu ejercicio profesional, con el fin de que ejerzas el trabajo social libre de prejuicios, con respeto y en plena búsqueda del bienestar de los sujetos de intervención y el tuyo.
Te leo.

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